Las Sombras del Tiempo

Jesús Galdón

El arma es el oponente del monstruo, que a su vez se convierte en monstruo.
Forjada para luchar contra el enemigo, puede, desviada de su objetivo, ser utilizada para dominar al amigo, o simplemente al otro. Así mismo, las fortificaciones pueden servir de parachoques contra un ataque y punto de partida para una ofensiva.

Este fragmento del primer párrafo de la definición de armas del Diccionario de los Símbolos de Jean Chevalier y Alain Gheerbrant, es del todo revelador en la historia de Barcelona. Bombardeada desde este Castillo de Montjuïc en dos ocasiones, por el general Espartero en 1842 y por el general Prim en 1843, a esto se añade el ser la primera ciudad en recibir bombardeos aéreos indiscriminados sobre la población civil en 1938.

En el castillo de Montjuïc, en el elemento del torreón destacan dos relojes de sol fechados en 1777. Estos dos relojes indican que ya el control del tiempo en el contexto militar era y ha sido un elemento importante.

A lo largo de la historia los conflictos han ido marcando un “tempus”. Un tiempo que permanece todavía en el memoria de muchos ciudadanos y que, por desgracia, en nuestros días continua marcando sus horas en los múltiples conflictos que recibimos a través de los medios de comunicación, acercando su paso a nuestra realidad, una realidad alejada y ajena a su influencia.

La intervención “Las sombras del tiempo” sitúa en el centro del patio del Castillo de Montjuïc una combinación de dos elementos simbólicos, el tiempo y las armas, con el resultado de un reloj de sol realizado con un cañón anti-aéreo, todo ello en latón dorado. Un dorado solar, ligado a la fascinación que tanto el arma como el tiempo siempre han impreso en el hombre a lo largo de la historia. Un “tempus” que continúa marcando, hoy en día, la proyección de su sombra, las sombras del tiempo.