De como el arte deja de estar cojo,
Carles Hac Mor

Jesús Galdón se ha planteado cómo desconstruir el paisaje para leerlo. Y así, en la Iglesia-oratorio de Sant Felip Neri de Barcelona, nos ha enseñado la enorme medida de su arte.
En el catálogo de esta intervención, inspirada en Gaudí i dirigida también a Verdaguer (poeta catalán), Galdón escribe: "Siempre que estamos delante de lo inalcanzable aparece el deseo incontenible de la aprehensión. Cuando este deseo quiere consumarse, nos encontramos ante el proceso de tralsación a un lenguaje que nos lo haga comprensible. Cuando lo inalcanzable se quiere representar se limita, y el límite camina con muletas (un marco, un bastidor, un pincel y su huella)".
Lo continuaremos con esto: cuando uno quiere aprehender lo inalcanzable, que es inaprehensible, la equivocación està en la voluntad, en querer. Y es así como esta voluntad ha originado grandes obras de arte.
"Una de las hijas de Deseo es Arte", nos dice Galdón. Y Arte -añadimos- no necesariamente es representación. Esta, la mimesi, es hija de la voluntad, y por eso es corta de vista, como su madre.
Para Galdón, Arte es ligeramente coja. Y nos atrevemos a contradecirle; y la prueba de que no tiene razón es la obra que nos ocupa, una obra maestra que no quiere representar nada, que se representa a sí misma, que ha surgido del desencanto de la imposibilidad de aprehender y de la evidencia que la representación es limitada.
Ahora bien, el marco, el bastidor y el pincel -o sea, la pintura-, no obligan a representar. Con estas herramientas, y asumiendo sus limitaciones, uno puede presentar alguna cosa en vez de representarla. Y presentar aquí quiere decir hacer, construir habiendo desconstruido la voluntad de representación.


Decirlo todo y nada
Inalcanzable pide al artista que lo diga todo, que equivale a no decir nada, que calle con el fin de dejar hablar a aquello que el artista va haciendo, la obra de arte. Si Galdón se hubiera impuesto sobre su obra, si hubiera querido más y más fuerte que ésta, la habría aplastado, habría hecho un buñuelo o una mediocridad, y no la maravilla impresionante que le ha salido. En efecto, le ha salido, por que la ha dejado crecer, hacerse. Y seguro que él, Galdón, ha estado el primer sorprendido, de la intensidad de aquello a que ha dado vida.
Continuamos: sí, la obra habla al margen de su creador, pero las cosas que la obra dice -como insiste Derrida-, uno de los padres del constructivismo- no forzosamente piden interpretaciones ni conclusiones. Podríamos afirmar que la obra dice cosas que no sabemos que dicen, y por mucho que las interpretemos -incluso des de puntos de vista antagónicos- nunca no las podremos acaparar del todo.
Esta opacidad del arte, para Derrida, proviene de su capacidad de trabajar sin concepto, es decir -concretamos-, sin intenciones cerradas, con libertad para la obra, sin pretensiones de decir aquello o lo otro a través de ésta, sin la ridiculeza que llamamos mensaje. Y de esta manera no voluntarista, y que no supone en absoluto la aplicación de ninguna receta, procedimiento o fórmula, la obra puede -subrallamos el puede- resurgir, y si no, seguramente será un ñap


Paisaje desconstruido
Y vale la pena decir que, muy significativamente, Galdón, en su instalación-escultura arquitectónica de Sant Felip Neri -que no gaudinea, mas bien hace galdonear a Gaudí- toma como motivo principal de trabajo las canteras, el paisaje desconstruido -que no quiere decir exactamente destruido- con el fin de construir otro de arquitectónico, artístico.
La maqueta de "De como desconstruir el paisaje para leerlo" -este es el título de la obra de Galdón-, se puede disfrutar ahora en el Centro de Arte Santa Mónica, en la exposición Impacto Gaudí.

Carles Hac Mor
Poeta i crítico de arte
Diari AVUI, Jueves 18 de julio de 2002