La pintura entre bastidores,
Ester Xargay

Jesus Galdón ha bautizado su exposición con un titol que invierte unos conceptos, Ui! Se me ha ido el cielo a la cabeza, y también aplica a su arte este juego, alterando las funciones deI bastidor como soporte, convirtiéndolo en el contenido de su trabajo.
Veto aqui, en el cambio, la llave de esta instalación de Jesús Galdón, la que nos abre sus multiples puertas, las figuradas y las reales. Así, entramos por una puerta que hay en un bastidor -tan alto y largo cómo el espacio- hecho de muchos bastidores sin tela y que hacen de pared entre el espectador y la muestra.

Desde fuera del bastidor, podemos contemplar, como si se tratara de una pintura, el conjunto de todos los elementos que conforman la composición; y la puerta y los huecos del bastidor de bastidores invitan a entrar. Y a dentro, podemos palpar, comprobar, pasar por los alrededores y traspasar (en algunos casos) la tercera dimensión de cada una de las esculturas, todas hechas de bastidores. En este punto, el espectador -convertido, por Galdón, en visitador de la composición pictoricoescultórica- irá descubriendo cómo cada pieza abre, a su vez, otra dimensión, la literaria, con la cual Galdón revela, bien duchampianamente, el trasfondo tecnicopoético que hay en cada una de las obras.

En efecto, si recurrimos el exposición, por la izquierda, encontraremos las cinco cajas cerradas (con candados). Lo(s) sentido(s) de la pintura. Más allá, podremos ver a un hombre y una mujer. Adan y Eva. Pintura (los bastidores), unas siluetas que remiten en figuras pictóricas botticellianes, que Galdón convierte en esculturas con tela y bastidores. A continuación, toparemos con La nube que en realidad es una idea. Pintura (la nube), otra pieza que combina conceptos pictóricos y volúmenes escultóricos, y el vistante se podrá introducir dentro de la nube.

En una pared lateral está El pincel (en caso de emergencia). La higiene de la pintura: un gran pincel desmontado y collocado dentro de una especie de maleta-vitrina antiincendios, en toda regla, con la inscripción de instrucción de ego sum lux mundi . Y en la pared central, a manera de fondo del cuadro figurado que es toda la exposición, cuelgan Las cuatro chorretones de color. Pe-nin-su-la, con chorretones de pintura hechas con hierro esmaltado.

En primer término del cuadro encontramos La escalera. La alegria de la imposiblidad, un bastidor en forma de escalera, cuyos peldaños también tienen un lema escrito: "De cómo dibujar la linia del horizonte". Y así nos lleva a La Luna o astro Iuminoso de poca magnitud. En medio no hay sombra, dónde si que vemos pintura, en la seda tensada dentro de un bastidor circular. Bajo la luna colgada, en un rincón de la pared del fondo está la puerta de los paraisos, un historiado y ancho marco barroco que enmarca unos espejos que se abren y hacen de puerta; al vacío. Todo supone un inteligente juego dialéctico de engaño que mezcla conceptos y técnicas artistiques y que niega cualquier etiqueta a que no sea poeticovisual.

En lo tocante a esto, citaré un fragmento del sugerente diálogo que allí mantiene en el texto del catálogo Carles Hac Mor y Gerard Altaió: "Al atravesar los batidores nos convertimos en pintura, y la pintura pues, se convierte en nada. O dicho de lo contrario, al atravesar los bastidores nos convertimos en nada, y la pintura, pues, se convierte en pintura. O bien, al atravesar la pintura nos convertimos en nada, y la pintura pues, ose convierte en bastidores. O... "

Ester Xargay
Poeta y critica de arte
Diari Avui, 27 de diciembre de 2001