Texto del catálogo.
Jaume Vidal Oliveras

Si tuviera que poner nombre a la instalación de Jesús Galdón, la titularía El espíritu de la pintura. Esta, consiste en un contenedor realizado con bastidores que delimita un espacio más o menos cerrado. En su interior se presentan una selección de piezas que pueden tener valor por si mismas: Camins d'aigua (fragmento) (1999), L'Escala (2000), El Bressol mític (2000) La Lluna o astre de poca intensitat (2000), Els interiors infinits (2000), El Núvol que en realitat es una idea (2001). Sin embargo, en su conjunto, tal como se presentó en Teruel, se trata de una reflexión sobre el hecho poético o el arte a partir del objeto.

En Cataluña -no sé si en el resto del Estado- existen otros artistas que trabajan en esta misma dirección. No creo que se pueda hablar de tendencia, pero ahí están Joan Brossa, Pere Jaume, Jordi Alcaraz que también se han planteado la problemática de la creación, la poesía o la pintura desde el mundo del objeto. En alguna ocasión, he hablado con Jesús Galdón de este tema. Él apunta una idea de continuidad; no se trata -según me explica- de observar influencias u originalidades, sino más bien de unas ideas y de unos métodos que, de una gran complejidad, exigen profundizar, relaborar y continuar.

No sé si para los artistas que he citado -no los conozco en profundidad- pero en mi opinión, el trabajo de Jesús Galdón está relacionado indirectamente con el Pop Art. No me refiero al pop en su imagen más tópica de objetos de consumo, de utilización de los medios de comunicación, sino como método de apropiarse y trabajar las imágenes. Para mí, el pop es ante todo una apropiación emocional de las imágenes y así veo el presente trabajo de Jesús Galdón.

Las estrategias que utiliza el pop son una fórmula para acercarse al enigma de las imágenes. Voy a citar algunos ejemplos que me ayudaran a explicarme. La película Blowup de Michelangelo Antonioni es una metáfora del misterio de las imágenes y de un recorrido iniciático a su aproximación; el film narra la historia de un fotógrafo que toma fotos espontáneamente en un parque público. El trabajo de laboratorio le hará percatar que estas fotografías, aparentemente inocuas, contienen un secreto. Interesa destacar que al realizar una ampliación tras otra, el fotógrafo intuye y se aproxima al misterio que contienen. Lo que al principio era una pequeña mancha borrosa, con las ampliaciones y el trabajo de laboratorio se va concretando una forma, borrosa pero cada vez más definida. Así aquel fotógrafo, pero así también Polke que trabaja con unas estrategias muy próximas al pop art: ampliaciones, repeticiones, manipulaciones sobre la imagen... Al final Polke utiliza un recurso, la radiografía; esta le permite descubrir que, bajo una pintura de Goya, existe una imagen oculta: una capa de pigmento vela otra imagen misteriosa. También Salvador Dalí, fascinado por el Ángelus de Millet, utiliza la radiografía; el pintor catalán, intuye que la razón del magnetismo de este cuadro se encuentra en su interior, bajo la superficie visible. Con la radiografía Dalí no reveló ninguna imagen oculta, pero descubrió algo incluso más inquietante, una suerte de mancha indescifrable en el centro geométrico del cuadro. La radiografía de Dalí no desvela el enigma pero da cuenta de que existe algo extraño en la pintura: un secreto bajo lo visible... Y también Hamilton o Warhol que, repitiendo la imagen de Marilyn Monroe, buscan desvelar el secreto de la fascinación que ejerce este icono.

Existe un término clave para explicar estos procedimientos, o manera de aproximarse al misterio de las imágenes: "ESCRUTAR" que en la literatura sicoanalítica esta relacionado con el fetichismo. Las repeticiones, las ampliaciones, las radiografías de Polke, Dalí, Warhol y Hamilton, escrutan la imagen, buscan el secreto de la fascinación de la imagen. Escrutar significa textualmente buscar para descubrir algo que esta escondido.

Jesús Galdón trabaja la imagen a través del objeto. Yo me lo imagino como aquel niño que para descubrir el secreto del tiempo desmonta y abre un despertador. Lo que pasa es que Jesús Galdón busca el secreto de la pintura. Él trabaja la materialidad de la pintura, el esqueleto del arte. Si el arte no se puede definir, si es inefable, si no hay palabra que lo explique, Jesús Galdón se aproxima a la pintura a través de lo tangible: los bastidores, las telas en blanco..., en definitiva, aquello que constituye la materialidad o el esqueleto de la pintura. Se trata de un pensamiento mágico: escrutando la materia se quiere llegar a una revelación o descifrar un secreto como aquel xamán o brujo de las culturas primitivas. Este moldeando el tronco de un árbol, configura un tótem y se apropia de un espíritu de la naturaleza

Sin embargo esta alusión al pop no agota el contenido de la instalación de Jesús Galdón. Hay otras referencias, entre otras una fundamental y que vagamente podríamos denominar la búsqueda romántica de lo absoluto. En una entrevista en la prensa, Jesús Galdón apuntaba: "el vacío y el espacio en blanco generan imágenes y reflexiones". En efecto la reducción de la pintura a su esqueleto, las telas en blanco, la levedad de la tela de seda y su semitransparencia, la escalera que apunta hacia el infinito, son aspectos, entre otros, que me hacen pensar en Malevitch, en los paisajes nublados de los románticos. Y es que este espacio blanco o este vacío al que alude Jesús Galdón es un estímulo para la reflexión. Como en el caso de un jardín zen no es una ausencia, sino una producción de sentido... Pero este es un tema que abordaremos otro día. Por el momento interesa señalar cómo a través del objeto y el esqueleto de la pintura se intuye lo inmombrable.

Jaume Vidal Oliveras
Historiador, crítico de arte y comisario de exposiciones.