Arqueología contemporánea,
Roberta Bosco

Todo empezó hace tres años, cuando Jesús Galdón (Barcelona, 1967) recibió una beca de la Generalitat para realizar un proyecto denominado El culo de Aracne , que le llevó por un itinerario arqueólogico-conceptual a sacar fotos en Roma, Estambul, Delfos y Tarragona. Un viaje en busca de las huellas de la continuidad genética y cultural en el ámbito mediterráneo, más allá de los límites de la memoria. "La continuidad es una necesidad innata del hombre. El acto arqueológico surge de esta necesidad de inventar de nuevo nuestra realidad a partir de la representación cultural de otros individuos y de otros tiempos. Necesitamos perpetuarnos, así como necesitamos representarnos, y esta exposición quiere ensamblar la idea de continuidad y de representación física", comenta Jesús Galdón, quien se dio a conocer en 1996 con una exposición en el Espai 13, en el ámbito de un ciclo organizado por Ferran Barenblit.

Durante aquel largo viaje, el artista fotografió los rostros de personajes anónimos y los referentes arqueológicos que ahora utiliza en sus instalaciones, no para explicar la historia, sino más bien para sugerir al espectador nuevas posibles interpretaciones. "La memoria de los dioses" presenta seis foto-instalaciones en la sala de exposiciones temporales y cuatro intervenciones en diversos espacios del museo, que dialogan con las piezas allí expuestas. "Al ver la sala de mosaicos no pude evitar pensar en el collage de culturas y de gentes que forma la herencia mediterránea, así que realicé las teselas con ojos y ombligos de individuos contemporáneos recortados de fotografías en color y de personajes históricos en blanco y negro", cuenta Galdón.

El resultado es un mosaico contemporáneo que se confunde con las piezas antiguas y se reconoce solo al acercarse. Caminando por una sala de bustos, el visitante se encuentra con el retrato de un anónimo habitante de Estambul reproducido en una tela semitransparente que flota sobre su cabeza. "Otra obra toma como referente la columna caída de Olimpeyon, una de las más altas de la Atenas antigua, concebida como un eje entre el cielo y la tierra, como un cordón umbilical que una vez caído deja de ofrecer esta conexión", explica el artista quien tomó fotos de la columna "en su sucesión de trozos, que se habían desplomado con un bonito efecto domino", y luego los imprimió en piedra mediante un proceso antiguo de fotografía, denominado goma bicromatada.

Texto de Roberta Bosco
Critica de arte
El Periódico del arte, nº 33, mayo de 2000